sábado, 4 de julio de 2015

EN EL SEXO EXISTEN DOS ROLES SER ACTIVO O PASIVO



Cuántas veces hemos hecho hincapié en que el sexo puede ser una forma privilegiada de comunicación. En ocasiones la cantidad de placer y disfrute puede verse afectada por una falta de sincronización en las iniciativas que asume cada miembro de la pareja en las relaciones sexuales. Entonces, esa comunicación es menos fluida.



Un recurso amplia-mente utilizado en las terapias sexológicas de pareja es el juego de roles 'activo y pasivo'. Se trata de un simple, pero efectivo, ejercicio de exploración realizado por la pareja. Durante un período de tiempo, ésta divide el ejercicio en dos partes. Por ejemplo, media hora para explorar un rol y otra media para explorar el otro, dependiendo del tiempo del que se disponga para realizarlo.

Es conveniente que la pareja realice el ejercicio desnuda. Asimismo, resulta aconsejable marcar límites y especificar claramente si hay algo que no desea que le hagan. Es un ejercicio de exploración, entre otras cosas, y siempre es mejor dejarlo fluir. Por ello, si existen partes del cuerpo que no desea que le toquen, o alguna cosa que no quiera que le hagan, es preferible dejarla clara desde el principio. Recordemos que para que el sexo sea placentero debe ser de común acuerdo.

En cuanto al ejercicio en sí mismo, quien asume el rol pasivo simplemente se tumba y se abandona a los recursos empleados por la pareja. Durante todo el período intenta disfrutar con lo que está ocurriendo, dejate llevar y goza del proceso.

Por otra parte, la persona que asume el rol activo tiene una clara misión. Y es hacer lo que más le gusta, explorar a su pareja de la manera que le apetece, por medio de toda una abundante gama de caricias, suaves, intensas, pausadas, rápidas... todo esto de forma que le produzca al otro mayor placer y disfrute. Simplemente haz lo que le gusta y de esa forma disfruta de asumir el rol activo.

Es muy frecuente pensar que la persona activa  hace lo que a su pareja le resulta más placentero. No es que esto no sea importante, porque al final se trata de un vaivén de placer, pero sí es que cada uno trabaje su propio placer y disfrute con ello. Esta es la mejor manera del estimular al otro, disfrutando uno mismo, ya que no hay nada más excitante que ser testigo del placer del otro.

Cada pareja tiene el reto de encontrar su propio equilibrio entre el hacer y el dejarse hacer; entre el ofrecer y el recibir.


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